"El Real Madrid paga caro un rato de siesta" El Madrid quiere la Liga y se le nota para bien, pero algo no termina de ser fiable. Contra el Celta volvieron dos viejos conocidos: los centros por sistema y la debilidad defensiva. Algo tuvo que ver, quizás, la vuelta de algunos supuestos titulares al equipo: el 4-3-3 se adelgazaba otra vez. El Madrid quiere la Liga y se le nota para bien, pero algo no termina de ser fiable. Contra el Celta volvieron dos viejos conocidos: los centros por sistema y la debilidad defensiva. Algo tuvo que ver, quizás, la vuelta de algunos supuestos titulares al equipo: el 4-3-3 se adelgazaba otra vez.
Antes del partido hubo un minuto de silencio en memoria de David Gistau. En “Días felices en Argüelles”, Umbral valoraba al joven columnista pero le reprochaba que escribiese tanto de fútbol. A Gistau nunca le importó hacerlo, y además lo hizo como madridista. El público, cariñoso, reconoció no solo al periodista, también a uno de los suyos. Alguien con quien apetecía hablar de fútbol, recordar el fútbol.
El once del Madrid traía sorpresa. Zidane devolvía antes de lo previsto a la delantera a Hazard y a Bale. No estaban ni Isco ni Vinicius, jugadores en buena forma acreditada, y en eso había algo de riesgo, una nueva audacia quizás temeraria de Zidane.
Porque el Celta engañaba. Pocos puntos, delantera temible. Así, en el minuto 7 llegó el gol: pase inteligente de Aspas al hueco entre Varane y Carvajal, con control orientado y colocación académica de Smolov, con una frialdad muy rusa. Era una acción de categoría a la que el Madrid reaccionó subiendo el ritmo. Por un lado, un constante llevar de banda a banda la pelota; por otro, una presión alta muy a lo Valverde.
Los ataques iban llegando más por ocupación territorial: un acercamiento de Marcelo, un trallazo lejano de Casemiro... Pero el área estaba vedada. Por los tres centrales vigueses y también por una cierta incapacidad del Madrid en absoluto nueva. Controlaba el juego, la posesión, y el Celta llegaba a tener dificultades para pasar del medio campo, pero los ataques eran desafinados, bastos, mal resueltos, un juego de nuevo demasiado “centrador”. Al dominar el espacio, los llamados a ser extremos se iban al interior y la banda la ocupaban los laterales, pero con ello todo se hacía algo tosco, en cierto modo mecánico, poco sorprendente y sin riesgo.
Para colmo, empezaba a aparecer Rafinha punteando ataques con toques que con su breve y puntual rapidez recordaban la amenazante presencia de Aspas y Smolov.
Que algo no iba del todo bien en el Madrid quedaba claro cuando Ramos acudía en el 37 a rematar un ataque. Era la desesperada autogestión del central-delantero. Atisbos de carajal habría también al final del partido con la posición de Marcelo. Porque lo de Ramos no fue en un balón parado, sino en eso que en baloncesto llamarían “en estático”. Ahí tenía el problema el Madrid, en convertir el dominio en claridad de espacios. Hazard lo intentaba cambiando de banda, y en la derecha entró en calor al contacto con la pelota. En el minuto 40 él y Benzema combinaron para una gran jugada, la mejor hasta entonces, que remató Bale.
Le costaba mucho al Madrid mover el ataque, romper el orden del partido, desmelenarse y desordenar al otro, esas cosas que a veces garantizó Vinicius. El Celta además acabó la primera parte amenazando con un cabezazo de Aidoo que Courtois detuvo con una brillantez que no sorprende y que hasta parecía un buen presagio. Muchas victorias del Madrid empezaron este año con sus paradas.
No solo habían vuelto Bale y Hazard, también Marcelo y el 4-3-3. La superioridad mediocampista ensayada en semanas anteriores daba paso a un ataque aún por afinar que se resolvía en los clásicos centros, forma burocrática de sortear el final de la jugada y repartir culpas en una especie de voleo que recuerda a la siembra de Claudio Rodríguez: “a voleo y que no importe que caiga aquí o allí“.
Pero son las ideas de Zidane y persevera en ellas con terquedad. A la vuelta del descanso el Madrid ya atacó con nueva profundidad por la banda izquierda. Marcó un gol en fuera de juego, invalidado, pero luego Marcelo, lanzado por Benzema, asistió a Kroos para el empate. Ya había resultado útil el juego algo renqueante y emérito de Marcelo y el Madrid afinaba la mirilla y cambiaba el voleo por un escalpelo. El dominio, territorial y posesivo, era el mismo que en la primera parte, pero el ataque ya era otro. Hazard frenó en el área como un kart tomando la curva a toda velocidad. Luego consiguió el penalti del 2-1 (que marcó el infalible Ramos), un penalti innecesario que ganó por esprín y pillería al tocar antes que Rubén el balón que ya salía. Su fútbol había convencido, más cerca de sus últimos partidos que del inicio de temporada.
El Madrid añadió definición a su superioridad y jugó unos minutos satisfactorios, serios, buenos, que sin embargo se fueron aquietando un poco hacia una forma de complacencia mal gestionada por los cambios de Zidane. El Celta, sin embargo, superó el flato físico y táctico, Óscar García metió valiente a Suárez y Mina y entre los dos, en una jugada excelente, crearon el empate. No hubo reacción ni pudo reunir el Madrid lo suficiente para su clásico zafarrancho. Con la alineación habían vuelto las debilidades del 4-3-3: los centros por sistema, la porosidad en defensa y cierta falta de control en mediocampo. Cosas conocidas de las que había ido saliendo por un camino que no debería desandar.
veces da la impresión de que Zidane hace la alineación sacando papelitos de un saco. Se esperaba la vuelta de Hazard pero no desde el principio. Volvió Marcelo con el riesgo que ello conlleva porque los equipos se saben el truco de atacar por su banda. Poner a Bale, por su tendencia a la incomparecencia, también es un ejercicio de riesgo. Ambos, Marcelo y Bale, parecen jugadores descatalogados. Sólo el entradón del galés a Rafinha, innecesario, duro y feo, da idea de lo alejado que está este futbolista de la realidad. La cosa no va con él. El Madrid se complicó la vida en los dos tiempos. La falta de atención y de energía le penalizó con un empate que le debilita de cara al Clásico.
NUESTROS MENOTTI Y BILARDO
La Liga ya tiene a sus Menotti y Bilardo. Son Setién y Bordalás. No llegan a la altura de aquellos ni en dialéctica ni en títulos, pero se odian a base de bien, ya sin disimulo. Representan dos corrientes, dos escuelas de fútbol que se repelen en lo conceptual. Por eso la victoria de uno sobre el otro lleva aparejado el triunfo de un estilo, aunque el sábado la línea fue borrosa. Ganó el Barça pero el Getafe le hizo pasar vergüencita, arrancó silbidos de su propia grada y convirtió a TerStegen en un pasador formidable con guantes en los pies en virtud de un agobio que dejó a los azulgrana sin más capacidad de maniobra que dar la pelota al portero.
Probablemente, el que se relamía en esos momentos era Bordalás viendo como la propuesta de Setién era una colección de pases a beneficio de inventario. Dice Cañizares en la Cope que contar pases se ha convertido en un negocio para Setién. Veremos si le da pérdidas o beneficios. Hasta ahora no ha sido más que un quiero y no puedo resuelto por un chico bajito que pasaba por allí.
LO IMPORTANTE ES EL PROTOCOLO
El VAR continúa colándose en nuestras vidas. Ayer, con otro episodio inefable en el Sevilla-Espanyol. Un árbitro que no vio, un VAR que vio y que le dijo al árbitro que fuera a ver y un árbitro -el mismo- que vio una parte de lo que había visto el VAR pero que no vio lo que el VAR le insinuó que viera. Por asombroso que parezca, la discusión no ha virado hacia lo trascendente: el árbitro se equivocó dos veces en la misma jugada, una de ellas tras verla por el monitor. El VAR está contaminando tanto el fútbol que el asunto principal es si el protocolo está bien aplicado. Da igual lo que se señale después. Lo que importa es el papeleo.
El fútbol es tan cabrón que una jugada que no era nada terminó en gol de falta. En resumen: la aplicación del VAR, correcta. La decisión del árbitro: doblemente mala. Conclusión: se está pitando contra la naturaleza del juego y esta naturaleza lleva incorporadas la injusticia y el error. Se juega con los pies y lo legisla un humano, es ilógico exigir e imponer la perfección de los que juegan y del que arbitra. Por aspirar a una suprajusticia, se desvirtúa la esencia.
El Celta erosiona el liderato del Real Madrid

En escasos minutos, el futbolista gallego encontró el pase para Smolov entre Varane y Carvajal, a los que cabe reprochar falta de atención. El delantero ruso hizo un control espléndido en carrera y definió con la frialdad que propone su latitud. Para este Madrid que ha crecido desde la seguridad defensiva, era un borrón. Para el Celta, una oportunidad de acomodarse en el campo de la forma que había pensado su entrenador, que alineó a tres centrales. En ventaja en el marcador, ya podía retrasar a los 'carrileros' para formar en un 5-4-1 que iba a complicar mucho el ataque del Madrid.
Los hermanos García Junyent, Óscar y Roger, son herederos del tardocruyffismo, pero lo ejercen sin prejuicios, ni dogmas. Durante todo el primer tiempo convirtieron la fase ofensiva del Madrid en un tormento, entregado el equipo de Zidane a centros sin un rematador natural en el área. Benzema remata pero es otra cosa, más cosas. En el desenlace, acertaron con los cambios, Denis Suárez y Santi Mina, hacedores del empate.
EL REGRESO DE HAZARD
El técnico francés volvió al 4-3-3, al optar por el regreso de Hazard como titular y por la alineación de Bale. Probablemente, la línea que estaba en la hoja de ruta oficial pero las aguas son como los partidos, tienen vida propia, y obligan a improvisar a mitad de travesía. Lo único que podemos decir de Zidane es que las circunstancias, como las lesiones de Bale y, sobre todo, Hazard, han impedido que sepamos más. Los antecedentes hablan de que se ha sentido más cómodo cuando ha contado con un centrocampista más. Ante el Celta, no lo tuvo inicialmente, con Modric e Isco en el banquillo, y eso le resto visión y último pase frente a una línea de cinco, sin que lo solucionara el desborde o el balón al espacio, porque no existía.
Rotos los espacios, entonces sí, fue el Madrid dominador y fue a su caza Hazard. El portero del Celta, ingenuo, midió mal e hizo un penalti inútil. Sergio Ramos ejecutó lo que parecía una sentencia, pero a Óscar le quedaba una mano, y la jugó a lo grande con una pareja, Denis-Santi. Lo que hicieron estuvo a la altura del partido y del homenaje.
la posibilidad de lesión de Hazard si hubiera jugado 90'
- El plan trazado por los médicos del Real Madrid consistía en evitar ese 30-45% de posibilidad de dolencia si jugaba todo el partido.

El regreso de Eden Hazard a los terrenos de juego dos meses después de su lesión supuso el principal atractivo del Real Madrid - Celta. A pesar de que en un principio se esperaba que entrase en el segundo tiempo, Zizou sorprendió a propios y extraños dándole la titularidad. El francés tenía razón: Hazard estaba listo y de qué manera. Fue el mejor jugador del conjunto blanco durante el tiempo que estuvo sobre el césped. Setenta minutos es la cantidad que acordó el técnico francés con el cuerpo médico para evitar una posible recaída o dolencia al final del partido.
Todo forma parte de un plan trazado desde finales de la semana pasada en Valdebebas. Se decidió que el ex del Chelsea no jugase ante el Osasuna para evitar imprevistos de última hora en la fase final de la recuperación. Si bien es cierto que se especuló con que podía ser mejor que tuviera minutos en la segunda mitad contra el Celta, el nivel altísimo que estaba demostrando en los entrenamientos hizo cambiar de opinión a Zidane. Algo que contrastaron los médicos, pero que a su vez le recordaron al técnico del Real Madrid que no debía jugar el partido completo. (Noticia DC: Zidane no quería quitar a Hazard del campo).
El tobillo es una articulación que tiende a resentirse con la actividad. Junto al músculo gastrocnemio (gemelos) es la zona de la pierna que los jugadores acusan principalmente cuando se exceden en la carga de minutos. Por ello, el cuerpo médico del conjunto blanco le aconsejó a Zizou que, lo mejor para Hazard, es que jugase una hora o como mucho una hora y cuarto.
Lo que no debía hacer bajo ningún concepto era acabar el partido. En esa fase final (15-20 minutos) es cuando los jugadores que acaban de salir de una lesión pueden verse perjudicados. La sobrecarga lleva a la dolencia y, con el objetivo de evitar una posible recaída, se acordó que fuera sustituido. El Real Madrid no quiere sustos con Hazard y menos ahora que llega el momento crucial de la temporada.
El tobillo es una articulación que tiende a resentirse con la actividad. Junto al músculo gastrocnemio (gemelos) es la zona de la pierna que los jugadores acusan principalmente cuando se exceden en la carga de minutos. Por ello, el cuerpo médico del conjunto blanco le aconsejó a Zizou que, lo mejor para Hazard, es que jugase una hora o como mucho una hora y cuarto.
Lo que no debía hacer bajo ningún concepto era acabar el partido. En esa fase final (15-20 minutos) es cuando los jugadores que acaban de salir de una lesión pueden verse perjudicados. La sobrecarga lleva a la dolencia y, con el objetivo de evitar una posible recaída, se acordó que fuera sustituido. El Real Madrid no quiere sustos con Hazard y menos ahora que llega el momento crucial de la temporada.
- El Real Madrid ha cedido 9 puntos en partidos que debería haber ganado, a priori, contra Valladolid, Betis, Mallorca o Celta.

El Real Madrid cedió, nuevamente, dónde nadie se lo esperaba. Los blancos tropezaron ante el Celta de Vigo en otro de esos partidos que debió haber ganado. Un duelo asequible, ante el antepenúltimo, en casa... y se va al limbo.
Un partido que ya ha ‘calcado’ en varias ocasiones el equipo de Zinedine Zidane en la presente temporada. Los merengues, de hecho, empezaron la Liga cayendo en ese mismo error. Fue ante el Valladolid, con un guion muy parecido, y un ‘cagadón’ que culminó Sergi Guardiola en el minuto 85, al igual que ayer con Santi Mina. Ahí se fueron dos puntos, aunque hay más ejemplos, independientemente a los atracos arbitrales.
Otro ejemplo fue el del Real Betis. Los verdiblancos se fueron con un valioso empate en el Bernabéu. Tampoco se salvaron los madridistas ante el Mallorca en Son Moix, en la última derrota liguera hasta la fecha. Dos partidos de difícil perdón y que hubiesen puesto la Liga en bandeja, visto el rendimiento del Barça, en 9 puntos que eran asequibles de conseguir y que se han perdido por el camino, junto al pinchazo de ayer. (Hazard lo dejó claro tras el partido: el Madrid la 'cagó' con el empate)
Un encuentro en el que sí que se puede perdonar por ceder un empate fue el 0-0 ante el Athletic Club. El equipo hizo todo lo posible por ganar, dio al palo en repetidas ocasiones, y estuvo muy cerca de conseguirlo. Viniendo de jugar el Clásico, además, por tanto en ese sí que podemos excluir la pérdida de puntos. En los demás, cagadón tremendo, tal y como admitió el propio vestuario...
El once del Madrid traía sorpresa. Zidane devolvía antes de lo previsto a la delantera a Hazard y a Bale. No estaban ni Isco ni Vinicius, jugadores en buena forma acreditada, y en eso había algo de riesgo, una nueva audacia quizás temeraria de Zidane.
Denis y Mina se disfrazan de Mostovoi y Sánchez
Los canteranos emularon el mítico gol ante el Aston Villa. En el Santiago Bernabéu se repitió la cifra de 1998 en Villa Park: 19 pases.

Denis Suárez tenía cuatro años y Santi Mina aún no había cumplido tres cuando en 1998 el Celta vivió su primera noche mágica en Europa. Venció por 1-3 al Aston Villa, un triunfo que dejó un gol para el recuerdo. El primer tanto celeste llegó tras una jugada de 19 pases que Juan Sánchez definió con un tiro cruzado al aprovechar un sutil balón interior filtrado por Alexander Mostovoi. Una acción muy parecida a la que supuso el 2-2 definitivo más de 21 años después en el Santiago Bernabéu.
La cifra de pases del conjunto céltico contra el Real Madrid fue la misma que en Villa Park. La cuenta Afouteza e Corazón en Twitter señala que el ataque contra los merengues se prolongó durante 48 segundos y contó con la intervención de ocho futbolistas, mientras que a finales del siglo pasado en Birmingham participaron nueve jugadores y duró 56'.
Un golazo "a lo Villa Park".
Denis se disfrazó de Mostovoi, y Santi Mina de Juan Sánchez.
Aston Villa 1-3 Celta
19 pases (7 en campo rival)
Intervinieron 9 futbolistas en 56 seg.
R. Madrid 2-2 Celta
19 pases (10 en campo rival)
Intervinieron 8 futbolistas en 48 seg. twitter.com/AfoutezaRCCelt…
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Lo sucedido el domingo en el coliseo blanco su puso un doble viaje atrás en el tiempo. Denis se disfrazó de Mostovoi, para regalar una asistencia más espectacular que la del ruso, y Mina emuló a Sánchez desmarcándose y resolviendo con solo un toque.
Los dos canteranos habían firmado otra combinación de lujo en la tercera jornada de este curso en Sevilla, pero con los papeles cambiados. Pase de Mina y gol de Denis.
La primera gran noche de la operación retorno
El segundo tanto del Celta en el Bernabéu tiene otro punto en común con el de Villa Park. Si en 1998 Mazinho se apoyó en Lubo Penev antes de que el búlgaro le dejara el balón a Mostovoi, el domingo fue el hijo del brasileño quien apareció en el tramo final de la jugada. Rafinha Alcántara cedió el esférico a Denis en la antesala de la asistencia a Mina, o lo que es lo mismo, se asociaron los protagonistas principales de la 'Operación Retorno' del pasado verano. El trío de atacantes vivió una noche mágica, la primera en la que los tres se unieron con éxito para marcar la diferencia. La actuación de Rafinha resultó brillante. Lideró la construcción del juego con un 89% de acierto en el pase y dejando una retahíla de detalles de calidad. "El espíritu Afouteza", resumió el mediapunta brasileño en sus redes sociales.


Un golazo "a lo Villa Park".
Denis se disfrazó de Mostovoi, y Santi Mina de Juan Sánchez.
Aston Villa 1-3 Celta
Gol de Juan Sánchez tras 19 pases en 56 segundos (participaron 9 futbolistas).
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